EL DEPORTE
Sobre la escultura
El Deporte: el vuelo, la llama y la fuerza de un equipo
En una transitada plazoleta de Medellín, una poderosa silueta se eleva hacia el cielo. Es la escultura El Deporte, una obra pública que celebra mucho más que una competencia atlética. A través del metal y la forma, el artista colombiano Fanor Hernández Ordoñez capturó el espíritu de esfuerzo colectivo, la pasión por superarse y la idea de pasar la antorcha a la siguiente generación. Esta es la historia de una pieza que fue atacada, guardada y finalmente reinstalada con un nuevo propósito, convirtiéndose en un símbolo de resiliencia para la comunidad que la rodea.
Un artista entre dos mundos
Para entender esta obra, es clave conocer a su creador. Fanor Hernández Ordoñez nació en Cali, Colombia, y su formación como artista fue un viaje que lo llevó por su país natal, Estados Unidos y Europa. En 1950 se instaló en Italia, un viaje que marcó profundamente su carrera. Allí absorbió las tradiciones artísticas europeas, conocidas por su madurez y cierta melancolía reflexiva.
Hernández logró algo especial: fusionar esa visión europea con la energía apasionada y vital que caracteriza, según él, la mirada latinoamericana. El Deporte, creada en 2003, es un fruto tardío de esta síntesis. Es una obra que habla de ideales elevados —como la disciplina y la armonía— pero lo hace con un dinamismo y una fuerza muy terrenales, muy nuestras.
Una guía para mirar la escultura
Si te paras frente a ella, esto es lo que verás, paso a paso.
Una estructura que parece despegar:
La escultura es muy alta y se apoya directamente en el suelo de la plaza, lo que la hace accesible y parte del paisaje cotidiano. Su base está formada por tres patas metálicas y curvas que se unen en un centro, como las raíces de un árbol gigante o el punto de partida de un cohete. De este núcleo surge una columna que se abre en tres brazos, sosteniendo una plataforma circular en lo alto.
El marco de los anillos:
Sobre esa plataforma, una serie de anillos metálicos entrelazados crean una especie de jaula o armazón geométrico. Estos círculos no encierran, sino que enmarcan y dan ritmo al espacio, permitiendo que la luz y la mirada los atraviesen.
El corazón de la obra: dos figuras en acción:
Dentro de ese marco de anillos es donde ocurre la magia. Hay dos figuras humanas desnudas, modeladas con una anatomía definida pero estilizada, que no busca el realismo fotográfico sino la expresión de la fuerza.
* La base: Un hombre, firme y erecto, se yergue sobre una pequeña base. Su cuerpo es el pilar, la estabilidad.
* El vuelo: Sostenida por la cintura por el hombre, una mujer se extiende en una potente diagonal, como si estuviera volando o lanzándose hacia adelante. Su brazo está estirado, y en su mano sujeta con determinación un objeto alargado.
Materiales y detalles:
Toda la obra tiene un color marrón oscuro o bronceado con un brillo mate. Se pueden ver las soldaduras y uniones en la estructura, recordándonos que esta es una construcción hecha a mano, pieza por pieza. Lamentablemente, el paso del tiempo y la vida urbana han dejado su huella: en las partes altas se acumulan telarañas, suciedad y excrementos de aves, y en la columna hay una pequeña calcomanía o grafiti, signos de su exposición pública.
¿Qué nos quiere decir? Claves para interpretarla
Esta escultura va más allá de una simple representación de atletas. Invita a varias lecturas, todas conectadas con valores que entendemos hoy.
1. El esfuerzo es un trabajo en equipo:
La imagen central es clara: una figura sostiene y eleva a la otra. No es un triunfo solitario. Podemos verlo como el atleta que es impulsado por su entrenador, el equipo que se apoya para ganar, o incluso una generación que levanta a la siguiente. Es una poderosa metáfora de la cooperación como base de cualquier logro importante.
2. La antorcha de Prometeo:
El catálogo de la obra menciona explícitamente el mito griego de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a la humanidad, simbolizando el conocimiento, el progreso y el sacrificio. El objeto que sostiene la figura en vuelo muy probablemente es una antorcha, que a su vez nos remite a la llama olímpica. Así, el gesto de pasar y alzar la antorcha une el mito antiguo con la tradición deportiva moderna: es el fuego del esfuerzo, la disciplina y la inspiración que se transmite.
3. Una síntesis de culturas:
Como decíamos, el artista mezcló influencias. En la obra esto se traduce en la combinación de:
* La figuración clásica: Los cuerpos desnudos y anatómicos nos recuerdan a los atletas de la Grecia antigua, símbolos de ideal y virtud.
* El lenguaje moderno: Los anillos geométricos y la estructura abstracta son propios del arte del siglo XX. Es la pasión latinoamericana contenida y organizada por las formas depuradas europeas.
4. Los roles en juego:
Es interesante notar que, según la descripción, quien porta la antorcha (símbolo de luz y guía) es la mujer, mientras que el hombre actúa como el sostén físico. Esta disposición puede verse como una reinvención de roles tradicionales, presentando una imagen de complementariedad y fuerza compartida.
La curiosa historia de una escultura resiliente
La vida de El Deporte no ha sido tranquila. Su historia añade una capa extra de significado a lo que vemos.
* Blanco de vandalismo: Poco después de su instalación original en los alrededores de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, la obra fue objeto de actos vandálicos. El daño fue tan significativo que las autoridades decidieron retirarla y guardarla por varios años.
Un renacimiento con motivo: En 2010, Medellín se preparaba para ser sede de los Juegos Suramericanos. La ciudad buscaba embellecer sus espacios y qué mejor que recuperar una escultura que hablaba del espíritu deportivo. Fue así como El Deporte* volvió a la vida pública.
* Un nuevo comienzo: Para su reinstalación en la plazoleta de la estación Estadio del Metro, el propio Fanor Hernández diseñó un nuevo pedestal. No se limitó a reponerla, sino que repensó su presentación, dándole continuidad a su obra y adaptándola a su nuevo hogar. Este acto transformó la pieza: pasó de ser una víctima del vandalismo a un símbolo reinstalado con orgullo para una celebración internacional.
Una invitación a mirar con otros ojos
La próxima vez que pases por la Carrera 70 en Medellín, date un momento para observar El Deporte. Ya no verás solo una escultura de metal. Verás una historia de caída y renacimiento, un diálogo entre la fuerza humana y la geometría perfecta, y un recordatorio de que los grandes logros —en el deporte, en el arte, en la vida— rara vez son en solitario.
Mira cómo la estructura se ancla a la tierra pero apunta al cielo. Observa el gesto de entrega entre las dos figuras. Piensa en esa antorcha que, como el fuego de Prometeo, representa todo lo que nos esforzamos por alcanzar y transmitir. Esta obra, testigo silencioso del ir y venir de miles de personas, sigue ahí, celebrando la disciplina, la armonía y la incansable fuerza del espíritu deportivo.