MADRE LAURA
Sobre la escultura
Madre Laura: el busto que honra a la primera santa colombiana en Medellín
En el corazón de Medellín, sobre la concurrida Avenida La Playa, se alza un busto sereno y contemplativo. Representa a la Madre Laura Montoya, la primera mujer colombiana elevada a los altares. Esta escultura no es solo un tributo religioso; es parte de un proyecto urbano que busca reescribir la historia, dando por fin un lugar visible a las mujeres que forjaron la identidad de la región.
Una santa de casa: el contexto de la obra
Laura Montoya Upegui nació en Jericó, Antioquia, en 1874, en una época donde las oportunidades para las mujeres eran limitadas. Sin embargo, ella forjó su propio camino dedicándose a la educación y, de manera muy particular, a la evangelización de los pueblos indígenas, especialmente los Emberá Chamí en la región de Dabeiba. Su vida de entrega culminó con su muerte en Medellín en 1949, pero su legado siguió creciendo.
Su proceso de santificación fue un largo camino: declarada venerable en 1991, beatificada en 2004 y finalmente canonizada por el Papa Francisco en mayo de 2013. Este último hito la convirtió oficialmente en la primera santa colombiana, un título de enorme orgullo nacional y local.
La escultura que vemos hoy apareció en el paisaje urbano en 2020. Fue colocada en la Avenida La Playa, una vía que por décadas había funcionado como una galería de bustos dedicados casi exclusivamente a hombres ilustres. La llegada de este busto no fue un hecho aislado: formó parte de una intervención que agregó catorce bustos de mujeres, buscando equilibrar la balanza y "estimular nuevas narrativas" sobre el aporte femenino a la ciudad.
¿Qué vemos cuando miramos el busto?
Al acercarnos a la obra, encontramos una representación clásica pero con detalles contemporáneos. Es un busto, es decir, una escultura que captura la cabeza y parte del torso, montada sobre un pedestal de piedra.
Una guía visual paso a paso:
* El rostro: Es el centro de atención. El escultor, Carlos Mario Vélez, le dio un tratamiento realista y sereno. Los rasgos están bien definidos, con una expresión calmada y una mirada ligeramente desviada, como si estuviera observando algo más allá del espectador inmediato. Esta zona suele estar más pulida, capturando la luz y atrayendo la mirada.
* La indumentaria: Viste el hábito religioso de las Misioneras Lauritas, la congregación que fundó. Un velo cubre su cabeza y hombros, y un cuello alto (llamado gola o pecherín) con pliegues marcados define el torso. Estos pliegues no son solo decorativos; crean juegos de luces y sombras que dan volumen y dinamismo a la pieza.
* Un detalle simbólico: En el centro del pecho, se distingue un emblema o monograma en bajo relieve. Es un detalle pequeño pero significativo, que suele representar la identidad de la orden religiosa o una devoción particular, en este caso, a la Virgen María.
* El material y la textura: Aunque no hay un informe técnico oficial, la obra presenta el aspecto típico del bronce patinado: un color marrón uniforme con brillos en las zonas más altas. Hay un contraste interesante: mientras el rostro es liso, el torso muestra las marcas del modelado, texturas que nos recuerdan la mano del artista y le dan un carácter más tangible y humano.
* El pedestal y la placa: La escultura se eleva sobre un pedestal rectangular. En él, una placa de metal nos da la información clave: "MADRE LAURA / Primera Santa colombiana. Educadora y misionera católica." Esta inscripción es fundamental, ya que asegura que cualquier transeúnte, creyente o no, pueda identificar a la figura y entender su relevancia histórica.
Claves para interpretar la obra: más que un monumento religioso
Esta escultura funciona en varios niveles a la vez, y entenderlos enriquece mucho su contemplación.
1. Un híbrido entre lo devocional y lo cívico
Es innegable su función como homenaje religioso a una santa. Los atributos del hábito y la placa que la nombra como "Santa" así lo confirman. Sin embargo, su ubicación la transforma. Al estar en una avenida pública y formar parte de una colección de bustos de figuras históricas, se convierte también en un monumento cívico. Honra a Laura Montoya no solo como santa, sino como una ciudadana antioqueña cuyo trabajo social y educativo merece reconocimiento público.
2. Una pieza en un rompecabezas de género
Este es quizás el mensaje más potente de su emplazamiento. Durante mucho tiempo, el espacio público de Medellín —como el de muchas ciudades— contó principalmente historias de hombres. Al incluir este busto entre otros trece de mujeres, la Avenida La Playa se transforma. Ya no es solo un paseo de próceres tradicionales, sino una vitrina que reivindica el papel fundamental de las mujeres en la construcción de la sociedad. La Madre Laura, así, se lee también como un símbolo de la visibilidad femenina recuperada.
3. Una figura con matices históricos
La biografía de la Madre Laura invita a una reflexión más compleja. Su labor misionera entre pueblos indígenas es alabada como obra de caridad y educación, pero hoy también puede ser vista a la luz de los debates sobre la colonización cultural y religiosa. En un momento donde en toda América Latina se discute y, en algunos casos, se retiran estatuas de conquistadores, la presencia de este busto plantea preguntas: ¿cómo honramos figuras históricas cuya obra, aunque bienintencionada, forma parte de procesos históricos conflictivos? La escultura no da respuestas, pero su presencia en la calle las invita.
4. Un arte público contemporáneo y local
El autor, Carlos Mario Vélez, es un escultor antioqueño formado localmente (fue alumno del maestro Ramón Vásquez). Su trabajo representa una producción artística contemporánea de la región. El estilo de la pieza —con su mezcla de realismo en el rostro y cierta libertad texturada en la ropa— habla de un lenguaje escultórico actual, pensado para ser legible a la distancia pero íntimo de cerca, adecuado para el ritmo de la ciudad.
Detalles y curiosidades que quizás no notaste a simple vista
* Un conjunto de 34: El busto de la Madre Laura es una pieza más dentro de una colección de 34 bustos que conforman esta "vitrina escultórica" al aire libre en la Avenida La Playa. Pasear por allí es como recorrer un libro de historia tridimensional.
* La cronología importa: La obra se instaló en 2020, siete años después de la canonización (2013). Esto sugiere que no fue un monumento levantado por fervor inmediato, sino una decisión posterior, posiblemente vinculada a la planificación del proyecto de revalorización femenina en el espacio público.
* El brillo del cuidado: La escultura muestra brillos localizados en las zonas más expuestas, como el rostro y los bordes del velo. Esto, junto con la ausencia de corrosión verde típica del bronce descuidado, indica que probablemente recibe mantenimiento periódico, un signo de que la ciudad valora y preserva esta memoria.
* El poder de una placa: En el arte público, el texto es clave. La placa que reza "Primera Santa colombiana" no solo informa; nacionaliza y enaltece la figura, trasladando su importancia de lo local (Antioquia) a lo nacional (Colombia), y de lo religioso a un logro histórico-patriótico.
Para mirar con otros ojos
La próxima vez que camines por la Avenida La Playa y te encuentres con el busto de la Madre Laura, tómate un momento. No veas solo la estatua de una religiosa. Intenta ver las capas que la componen: la santa venerada, la educadora pionera, la mujer que gana espacio en la historia de la ciudad y la figura que nos invita a pensar críticamente sobre nuestro pasado.
Este busto es una prueba de que el arte en la calle puede ser muchas cosas a la vez: un lugar de memoria, un gesto de reparación histórica y un punto de partida para conversaciones necesarias. Te invitamos a buscar los otros trece bustos de mujeres que la acompañan y a descubrir, en conjunto, la otra mitad de la historia de Medellín que ahora, por fin, tiene rostro.