SIMONA DUQUE
Sobre la escultura
Simona Duque: el busto que honra a una madre heroína
Simona Duque: una madre en el espacio público
En medio del bullicio de la avenida La Playa, un busto sereno y digno capta la atención de quienes pasan. Representa a Simona Duque, una mujer que vivió en la época de la Independencia y cuyo acto más recordado fue ofrecer a sus hijos para la lucha patriota. Esta no es solo una escultura conmemorativa; es parte de un proyecto que desde 2020 busca reescribir visualmente la historia de la ciudad, añadiendo a mujeres protagonistas a un paseo tradicionalmente poblado por figuras masculinas. Es arte público que nos habla de memoria, género y de cómo recordamos a quienes construyeron la nación.
¿Quién fue Simona Duque y quién la esculpió?
La historia detrás del rostro
Simona Duque nació en Marinilla en 1773, en una época donde el territorio que hoy es Colombia aún era una colonia española. Su vida, como la de muchas mujeres de entonces, estuvo marcada por la familia: se casó joven, tuvo ocho hijos y enviudó temprano, quedando a cargo de todos ellos.
Lo que la hizo pasar a la historia ocurrió en pleno fervor independentista. En 1813, entregó a sus tres hijos mayores para que se unieran a las tropas patriotas. Luego, en 1819, hizo lo mismo con sus otros cuatro hijos varones. El gobierno, en agradecimiento, le ofreció una pensión vitalicia, pero ella la rechazó, argumentando que ese dinero era más necesario para la joven república. Murió en 1858, a los 85 años, convertida en un símbolo de sacrificio maternal y patriotismo.
La autora y el proyecto urbano
La escultora María Raquel Sierra Varela es la autora de este busto. Aunque no contamos con muchos datos sobre su trayectoria, su firma está presente en la placa, lo que subraya una autoría femenina contemporánea que da forma a una memoria femenina histórica.
La obra se instaló en 2020 como parte de una intervención consciente en el paisaje urbano. La avenida La Playa era ya una suerte de galería al aire libre con bustos de personajes históricos, pero casi todos hombres. El proyecto añadió catorce bustos de mujeres, sumando un total de 34 esculturas. El objetivo es claro: estimular nuevas narrativas y visibilizar los aportes de las mujeres al desarrollo de la ciudad y la región, desde la conquista hasta nuestros días.
Una mirada cercana al busto
Forma y presencia: el lenguaje del busto clásico
La escultura sigue la tradición del busto conmemorativo: representa la cabeza, el cuello y la parte superior del tórax, apoyados sobre un pedestal. Esta forma, que nos resulta familiar de ver en plazas y avenidas, tiene una virtud: acerca el rostro al espectador, facilitando un encuentro más íntimo que una estatua de cuerpo completo.
* Volumen y eje: La pieza se organiza en un eje vertical fuerte, desde el pedestal hasta la coronilla, lo que transmite estabilidad y solemnidad.
* Tratamiento de las formas: La cabeza es un volumen redondeado y bien definido. Contrasta con los pliegues geométricos y marcados del peto (la parte del vestido que cubre el pecho) y del volante del cuello. Esta alternancia entre lo suave del rostro y lo anguloso de la tela genera ritmo visual.
Material y superficie: los efectos del tiempo y la gente
A simple vista, la escultura parece estar hecha de bronce, un material clásico para monumentos públicos por su durabilidad. Su superficie muestra dos caras del paso del tiempo:
1. Brillos y pulidos: El rostro, especialmente las mejillas y la frente, presenta zonas muy pulidas y reflectantes. Este brillo no es casual; suele ser el resultado del roce de las manos de los transeúntes, que tocan la escultura casi como un gesto de respeto o conexión.
2. Pátina y color: En el cuello y el escote, se aprecian tonos verdosos o azulados, una pátina natural que se forma en el metal por la exposición al aire y la humedad. Este contraste entre el brillo cálido del rostro y el verdor antiguo del vestuario añade profundidad y cuenta una historia de interacción con el entorno.
Los detalles que cuentan una época
La escultora ha cuidado elementos que nos ubican inmediatamente en el siglo XIX:
* El peinado: El cabello está recogido hacia atrás de manera sencilla y práctica, un estilo común de la época.
* La indumentaria: Lleva un cuello alto con un volante plisado y un peto también plisado sobre los hombros. Es la moda femenina respetable de ese período.
* Los accesorios: Pequeños pendientes en las orejas y un collar o cordón delgado en el cuello. Son detalles discretos que hablan de una feminidad sobria.
El pedestal: la letra pequeña de la historia
El busto se alza sobre un pedestal rectangular de piedra o terrazo. En él, una placa oscura nos da la información clave:
* El nombre: Simona Duque.
* Las fechas de su vida: 1773 - 1858.
* Un texto que resume su gesta: la entrega de sus hijos a la causa de la independencia.
* La firma de la escultora, María Raquel Sierra Varela.
Esta placa es fundamental. Sin ella, veríamos solo el retrato de una mujer anónima del siglo XIX. Con ella, la imagen se carga de significado histórico y se transforma en un monumento.
¿Qué nos quiere decir esta escultura?
Maternidad y patriotismo: un modelo de virtud cívica
La historia de Simona Duque presenta la maternidad como un acto heroico de entrega a la patria. La escultura, con su expresión serena y su mirada firme dirigida ligeramente hacia arriba, refuerza esta idea. No vemos dolor o angustia, sino dignidad y determinación.
Esto invita a una reflexión: ¿cómo se ha construido la figura de la heroína en nuestra historia? A menudo, a través de roles tradicionales como el de madre o esposa que sacrifica lo más preciado. La obra nos permite discutir estas narrativas y preguntarnos qué otros tipos de protagonismo femenino estamos aún aprendiendo a reconocer.
Visibilizar a las mujeres: corregir el paisaje de la memoria
El hecho de que este busto sea parte de un conjunto que añade mujeres a una avenida histórica es, en sí mismo, un mensero poderoso. Es un acto de reparación simbólica. Durante décadas, el espacio público ha contado principalmente la historia de los "grandes hombres".
Al incluir a Simona Duque y a otras trece mujeres, se está diciendo: "Ellas también estuvieron aquí, también contribuyeron, y merecen ser vistas y recordadas". La escultura trasciende su función conmemorativa individual para convertirse en una pieza de un proyecto político y cultural más amplio sobre igualdad de género en la memoria colectiva.
Diálogo con la ciudad: un monumento para el día a día
La ubicación en la avenida La Playa no es neutral. Es un lugar de tránsito peatonal, comercio y vida cotidiana. El busto no está encerrado en una plaza ceremonial, sino integrado en el ritmo de la ciudad.
Esto cambia la forma en que nos relacionamos con él:
* Podemos verlo de camino al trabajo.
* Los niños pasan a su lado.
* La gente puede tocarlo (de ahí los pulidos).
Se convierte así en un recordatorio accesible y cotidiano, no en un artefacto distante. Fomenta una memoria viva, sujeta a la interacción y, quizás, al cuestionamiento.
Secretos de la escultura: detalles que quizás no viste a primera vista
* El juego de la luz: Dependiendo de la hora del día, la luz solar acentúa los contrastes. Los brillos del rostro se iluminan, mientras que los pliegues profundos del vestido crean sombras marcadas, haciendo que la escultura parezca casi tridimensional.
* La textura escondida: Si te acercas, notarás que la superficie no es lisa en todas partes. El cabello y los pliegues de la tela tienen una textura más áspera y trabajada, que atrapa la luz de manera distinta al liso pulido del rostro.
* Un diálogo silencioso: El busto está orientado de manera que su mirada parece dirigirse hacia adelante y levemente al horizonte de la ciudad. Esto crea un vínculo visual con el entorno, como si Simona Duque siguiera observando el devenir del lugar por el que tanto dio.
* Parte de una constelación: No está sola. Forma parte de esa "vitrina escultórica" de 34 bustos. Vale la pena recorrer la avenida e identificar a las otras mujeres representadas, preguntándonos qué historias están contando en conjunto.
Mirar con otros ojos
La próxima vez que camines por la avenida La Playa y te encuentres con el busto de Simona Duque, podrás ver más que un simple retrato en metal. Verás a una mujer cuya vida personal se entrelazó con los grandes acontecimientos de una nación en gestación. Verás una decisión artística contemporánea por incluir voces que habían sido omitidas. Y verás un objeto que, entre brillos y pátina, invita al tacto y a la reflexión.
Esta escultura nos recuerda que el espacio público es un libro abierto de historia, y que quién decide qué historias se cuentan en él es siempre una elección poderosa. Te invitamos a buscar los otros bustos de mujeres en la avenida, a leer sus placas y a preguntarte: ¿a quién más nos falta por ver en nuestras plazas y avenidas?