MARIA CENTENO
Sobre la escultura
María Centeno: el busto que rescata a una pionera minera
En un paseo arbolado de Medellín, un rostro sereno y digno nos mira desde un pedestal. Es María Centeno, una figura borrosa entre la historia y la leyenda, a quien hoy recordamos como la pionera de la minería en Antioquia. Este busto, obra de Gloria Londoño Arango, es mucho más que un retrato: es parte de un proyecto urbano que busca llenar de nombres femeninos los espacios públicos de la ciudad.
¿Quién fue María Centeno? Entre los registros y la fábula
No sabemos con exactitud cuándo nació. Los historiadores la ubican en un amplio periodo, entre 1548 y 1645, una época de conquista y colonización en lo que hoy es Colombia. Lo que sí está claro es su legado: María Centeno es reconocida como la primera gran emprendedora minera de Antioquia.
Gracias a su audacia, inteligencia y visión, se destacó en la extracción de oro a principios del siglo XVII. No se limitó a explotar los recursos; también impulsó obras para las comunidades. Se le atribuye la construcción del primer acueducto de Buriticá y fue propietaria de las primeras minas de oro en Remedios.
Pero su historia tiene también un lado de fábula. La tradición oral cuenta que atravesaba el caudaloso río Cauca cabalgando en una mula negra, un animal al que algunos asociaban con el demonio. Así, María Centeno se convierte en un símbolo fascinante: una mujer de negocios exitosa cuyo relato se entrelaza con el mito y la superstición de su tiempo.
Un lugar en la ciudad: la vitrina escultórica de la avenida La Playa
Este busto no está solo. Desde 2020, forma parte de una "vitrina escultórica" en la avenida La Playa, un paseo donde se alinean 34 bustos de personajes históricos. Originalmente, esta galería al aire libre estaba poblada casi exclusivamente por figuras masculinas. Hoy, catorce mujeres, entre ellas María Centeno, se suman a la colección.
El objetivo del proyecto es claro y está documentado: estimular nuevas narrativas que reivindiquen los aportes de la mujer al desarrollo y la identidad de Medellín. Caminar por aquí es, por tanto, recorrer una historia en proceso de reescritura, donde cada rostro invita a recordar y a cuestionar.
Una mirada detallada al busto: forma, material y presencia
Un encuentro a la altura de los ojos
Al acercarnos, lo primero que notamos es la dignidad de su postura. El busto está elevado sobre un pedestal que sitúa el rostro a la altura de nuestra mirada. Esto no es casual: facilita un encuentro directo, casi conversacional, entre el peatón y la figura histórica.
El lenguaje del material
La escultura tiene una pátina marrón-bronce con brillos intensos en las zonas más salientes: la frente, el puente de la nariz, los pómulos y las clavículas. Estos reflejos pueden deberse al roce del público o a limpiezas periódicas, huellas de la vida urbana sobre la obra.
Aunque no hay una ficha técnica que lo confirme, todo apunta a que está hecha en bronce fundido, probablemente mediante la técnica de la cera perdida. Este material, noble y duradero, es el tradicional para monumentos que aspiran a perdurar en la memoria colectiva.
Un rostro modelado con realismo
La escultora optó por un estilo figurativo y realista, buscando una caracterización individual que nos permita reconocer a María Centeno como una persona concreta.
- El semblante: El rostro está modelado con gran detalle. Se aprecian líneas de expresión suaves, pómulos marcados, ojos de mirada serena y una boca cerrada que transmite determinación.
- El peinado: Una trenza cuidadosamente elaborada rodea su cabeza y se recoge en un moño bajo, un peinado que evoca la indumentaria de los siglos XVI y XVII.
- El torso: La textura aquí es más áspera y marcada, con estrías que contrastan con la superficie lisa del rostro y el cuello. Este juego de texturas acentúa la expresividad del semblante y añade riqueza visual.
La placa que narra
En la base del pedestal, una inscripción actúa como puente entre la imagen y la historia. La placa la identifica como "Propietaria y administradora de grandes minas de oro" e incluye el crédito de la autora, Gloria Londoño Arango. Es interesante notar una pequeña discrepancia: las fechas en la placa (1568-1645) difieren ligeramente de los rangos históricos generales, un recordatorio de lo elusivos que pueden ser los datos del pasado.
Claves para interpretar la obra: más que un simple retrato
1. De la leyenda a la historia cívica
El busto toma una decisión clara: representa a María Centeno con sobriedad y realismo, sin incluir ningún elemento de las leyendas que la rodean (como la mula negra). Podemos interpretar esto como un gesto para trasladar su figura desde el folclore hacia la historia reconocida. Se prioriza su faceta de emprendedora y gestora, dignificándola como un personaje cívico.
2. Un acto de justicia memoria
La inclusión de este busto en un paseo tradicionalmente masculino es un acto político de memoria. Forma parte de una estrategia contemporánea para reequilibrar el relato urbano, haciendo visible que las mujeres también han sido protagonistas del desarrollo regional. Cada busto femenino en la avenida es una corrección a la historia oficial.
3. La autoridad silenciosa
La ausencia de atributos mineros (picos, bateas, pepitas de oro) es significativa. En lugar de mostrar su oficio, la escultura se concentra en su rostro y su porte. Esto invita a verla no solo como una trabajadora, sino como una líder con autoridad, cuya herramienta principal fue la inteligencia y la capacidad de gestión.
4. Diálogo con el espacio público
Al estar alineada con otros bustos, la obra de María Centeno dialoga con sus compañeras de vitrina. Juntas forman una narrativa coral que el transeúnte puede leer en secuencia. Su ubicación en un lugar tan transitado garantiza que esta historia alternativa se encuentre con la vida diaria de la ciudad.
Detalles y curiosidades que enriquecen la visita
- La paradoja de las fechas: La pequeña diferencia entre las fechas de la placa y los registros históricos nos recuerda que la historia de las mujeres, especialmente de épocas tan remotas, a menudo se escribe con puntos suspensivos. La escultura se convierte, así, en un punto de partida para seguir investigando.
- Brillos que delatan vida urbana: Esos destellos en nariz y frente no son solo un efecto artístico. Son la marca del tiempo y del uso, la prueba de que la gente se detiene, mira y quizás toca. Es la escultura ganando su propia biografía material.
- Una autora con perfil diverso: Gloria Londoño Arango, la escultora, aparece en registros públicos con una formación en Producción Agropecuaria Ecológica. Este dato, aunque escueto, sugiere un camino hacia el arte posiblemente autodidacta o diverso, alejado de los cánones académicos tradicionales, lo que añade otra capa de interés a la obra.
- El proyecto tras la pieza: La "vitrina escultórica" es un ejemplo de cómo las políticas culturales pueden modificar físicamente la ciudad. Medellín alberga más de 500 esculturas públicas y privadas, y plataformas como Geo Patrimonio de la Secretaría de Cultura permiten a cualquier ciudadano explorar este museo al aire libre.
Para mirar con otros ojos
La próxima vez que camines por la avenida La Playa, busca el rostro sereno de María Centeno. Detente un momento. Piensa en la mujer que desafió la geografía agreste de Antioquia para abrir caminos, la que ordenó construir acueductos y la que, siglos después, cabalga no en una mula legendaria, sino en el imaginario colectivo gracias a un busto de bronce.
Este monumento es una invitación a leer la ciudad de otra manera, a preguntarnos qué otros nombres faltan en sus plazas y avenidas. Te invitamos a recorrer los otros trece bustos de mujeres que la acompañan y a descubrir, en cada uno, una historia de coraje, talento y resistencia que merece ser contada. La ciudad, después de todo, también se escribe con los rostros que decidimos recordar.