CACICA DABEIBA
Sobre la escultura
Cacica Dabeiba: la diosa protectora que hoy habita en Medellín
Un busto en bronce revive la leyenda de una líder indígena y se une a un proyecto urbano que visibiliza a las mujeres que forjaron la identidad de Antioquia.
Una diosa, una leyenda y una escultura en la ciudad
En las afueras del Teatro Pablo Tobón Uribe, en Medellín, una figura serena y poderosa vigila el espacio. Es la Cacica Dabeiba, un busto escultórico que materializa una antigua leyenda de los pueblos catíos del occidente antioqueño. La obra no solo representa a una líder mítica, sino que forma parte de una intervención urbana muy significativa: desde 2020, se sumó a la vitrina escultórica de la avenida La Playa, un conjunto de 34 bustos donde, por primera vez, se incluyeron catorce mujeres para contar una historia más completa de la región. Esta escultura nos invita a redescubrir un pasado indígena y a reflexionar sobre quiénes merecen un lugar en la memoria pública de nuestras ciudades.
El contexto: una líder ancestral en el paisaje urbano contemporáneo
La escultura es una creación reciente, emplazada en el corazón de Medellín, pero su historia se remonta mucho más atrás. Según la tradición oral, Dabeiba fue una mujer excepcional entre los catíos, un pueblo que habitó estas tierras mucho antes de la llegada de los españoles. Más que una cacique (líder), era considerada una diosa: se le atribuye haber enseñado a su pueblo a cultivar la tierra, tejer, construir viviendas y protegerse de las tormentas. La leyenda cuenta que ascendió al cielo desde el Cerro León para cuidar desde allí a su gente.
La autora de este busto es la artista colombiana Paula Andrea Úsuga Jiménez. Su trabajo se inscribe en un proyecto cívico muy concreto: corregir el desbalance histórico en los monumentos públicos. Durante décadas, la avenida La Playa exhibió principalmente bustos de hombres ilustres. En 2020, se añadieron catorce bustos femeninos, entre ellos el de Dabeiba, para reconocer el papel fundamental de las mujeres en la configuración de la identidad local, desde la época prehispánica hasta hoy. Es arte con un propósito claro de visibilización y reparación simbólica.
¿Qué vemos cuando miramos el busto? Una guía visual
Al acercarnos a la escultura, lo primero que notamos es su presencia sólida y tranquila. Montada sobre un pedestal de piedra oscura, la figura nos mira de frente, invitando a una conexión directa. Es un busto, es decir, representa la cabeza, el cuello y parte del torso, un formato clásico para honrar a personajes. A continuación, te guiamos por sus elementos más notables:
* El material y la superficie: Tiene un color metálico oscuro, con matices que van del café al verde, típico de una pátina sobre bronce. Si te fijas bien, notarás un contraste de texturas: el cabello y los hombros son superficies relativamente lisas, mientras que el rostro y partes del pecho presentan una textura punteada o cincelada. Esta no es una erosión, sino una decisión artística que atrapa la luz de manera especial, dando vida y profundidad a los rasgos.
* El rostro y la expresión: Su rostro es sereno, con una mirada firme que traspasa el tiempo. La textura de la piel no busca un realismo fotográfico, sino una cualidad más simbólica, como si el tiempo mismo hubiera dejado su huella.
* Los atributos y adornos: Varios elementos nos hablan de su identidad y su poder.
* El pecho descubierto: Representa fertilidad, vida y una conexión directa con la tierra que protege.
* Los collares múltiples: Las hileras de cuentas que cubren su pecho son símbolos de estatus, dignidad y probablemente de su rol ritual dentro de la comunidad.
* La flor en la cabeza: Una gran flor adorna el lado izquierdo de su cabello, un detalle que refuerza su vínculo con la naturaleza, la belleza y el florecimiento.
* La placa y el pedestal: En la base, una placa de metal nos da la clave: "CACICA DABEIBA – Diosa Catía, protectora de las cosechas". Esta inscripción no solo la nombra, sino que establece su función mítica principal: cuidar los cultivos y el sustento de su pueblo.
Claves para interpretar su mensaje: más que una simple estatua
Esta escultura funciona en varios niveles y habla de temas muy relevantes para nuestro presente. Estas son algunas claves para entender su riqueza:
1. La reivindicación del liderazgo femenino e indígena
En un espacio público tradicionalmente dominado por figuras masculinas, la Cacica Dabeiba ocupa un lugar que le fue negado durante siglos. Su presencia afirma que las mujeres, y en particular las mujeres indígenas, han sido protagonistas activas de la historia, con autoridad, sabiduría y capacidad de guiar a sus comunidades. Es un recordatorio contra el olvido.
2. La conexión sagrada con la tierra y la fertilidad
Los símbolos que porta (pecho descubierto, collares, flor) están universalmente asociados a la fertilidad y la protección de la naturaleza. En un momento de crisis ambiental, la figura de Dabeiba resuena como un arquetipo de cuidado y equilibrio con el entorno. No es una diosa de la guerra, sino una protectora de las cosechas, una figura esencial para la supervivencia y el bienestar.
3. El diálogo entre el mito y la historia
La obra no pretende ser un retrato realista de una persona histórica verificable. En cambio, materializa una leyenda, un relato poderoso que ha sobrevivido en la memoria oral. Al hacerlo, la escultura valida estas narrativas como parte fundamental de la identidad cultural y les da un lugar tangible en el paisaje urbano.
4. El busto como monumento cívico contemporáneo
Al elegir el formato de busto, la artista se inserta en una larga tradición de monumentos conmemorativos. Sin embargo, le da un giro: no celebra a un general o un político, sino a una figura mítica y comunitaria. Esto expande la idea de quién es “digno de memoria” en una ciudad, privilegiando valores como la protección, el conocimiento compartido y la sabiduría ancestral sobre la conquista o el poder político tradicional.
Detalles y curiosidades que capturan la atención
* La piel que cuenta una historia: La textura punteada del rostro es uno de los detalles más intrigantes. Lejos de ser un defecto, es una huella expresiva que sugiere el paso del tiempo, la resistencia y la complejidad de una historia marcada por el contacto cultural. Puede verse como una metáfora de una memoria que no es lisa, sino llena de marcas y recuerdos.
* Un material que vive con el clima: El bronce con pátina es un material noble para el espacio público. Con el sol, la lluvia y el paso de las estaciones, su superficie cambia sutilmente, captando reflejos dorados en los salientes y oscureciéndose en las incisiones. La escultura no es estática; dialoga con la luz y la atmósfera de Medellín.
* Parte de un coro de voces: La Cacica Dabeiba no está sola. Forma parte de una constelación de bustos femeninos (educadoras, artistas, líderes) que, juntos, construyen una narrativa coral. Su fuerza se multiplica al estar en compañía de otras mujeres que también desafiaron los roles de su época.
Para seguir mirando con otros ojos
La próxima vez que pases por la avenida La Playa o por las afueras del Teatro Pablo Tobón Uribe, tómate un momento para detenerte frente a la Cacica Dabeiba. No es solo una escultura más. Es un punto de encuentro entre el mito y la ciudad, un gesto de justicia histórica en bronce y una invitación a recordar que nuestras raíces son diversas y poderosas. Observa cómo la luz juega en su rostro texturado, lee la placa que la nombra protectora y deja que su mirada serena te conecte con una historia de resistencia, sabiduría y profundo amor por la tierra. Esta obra nos pregunta, silenciosamente: ¿a quién más estamos listos para darle un lugar en nuestra memoria colectiva?