Ecosistema Patrimonio Medellín
SCC - 011

CACIQUE NUTIBARA

Por BETANCUR, JOSE HORACIO · COLOMBIANO · Siglo XX

Título CACIQUE NUTIBARA
Autor BETANCUR, JOSE HORACIO
Fecha 1955
Ubicación Calle 30a N° 55 - 64
¿Cómo llegar?
Especificaciones
Tema Siglo XX
Material Escultura en concreto vaciado y patinado con grafito para dar acabado.
Dimensiones ALTO: 293 cms. ANCHO: 306 cms. PROFUNDIDAD: 156 cms.
Época Siglo XX
Comuna 16 - Belén
Barrio Belén
Sector Cerro Nutibara
Ubicación Calle 30a N° 55 - 64
Identificador
SCC - 011
Fecha
1955
Época
Siglo XX
Comuna
16 - Belén
Barrio
Belén
Sector
Cerro Nutibara
Ubicación
Calle 30a N° 55 - 64
Nacionalidad
Colombiano
Firmado
no
Material
Escultura en concreto vaciado y patinado con grafito para dar acabado.
Dimensiones
ALTO: 293 cms. ANCHO: 306 cms. PROFUNDIDAD: 156 cms.
Conjunto
ALTO: 293 cms. ANCHO: 306 cms. PROFUNDIDAD: 156 cms.
Escultura principal
ALTO: ANCHO: PROFUNDIDAD: MATERIAL:
Pedestal
ALTO: ANCHO: PROFUNDIDAD: MATERIAL:
Peana
ALTO: ANCHO: PROFUNDIDAD: MATERIAL:
Base
ALTO: ANCHO: PROFUNDIDAD: MATERIAL: Concreto y piedra
Tiene base
sí
Tiene pedestal
no
Tiene peana
no
Tiene cerramiento
sí
Tiene urna
no
Tiene hornacina
no
Tiene retablo
no
Tiene otro elemento
sí
Elementos relacionados
Cerramiento en reja de hierro, base en concreto y bordeado con plantas de diferentes especies, tiene placa en mármol partida.
Entidad de custodia
Secretaría de Cultura Ciudadana
Teléfono
6043855555, ext. 5097
Correo
culturaciudadana@medellin.gov.co
Otros datos
Ubicada en la Plazoleta Anexa al Pueblito Paisa del Cerro Nutibara

Sobre la escultura

El Cacique Nutibara: el guerrero de bronce que mira al cielo de Medellín

En el centro de Medellín, en una pequeña plazoleta rodeada de tráfico y edificios históricos, una figura imponente se alza sobre una gran copa de piedra. Parece un ser salido de un mito, con alas en la espalda y un cuerno en los labios. Sin embargo, esta escultura no representa una criatura fantástica, sino a un hombre real: el Cacique Nutibara, un guerrero indígena que lideró la resistencia contra los conquistadores españoles en las montañas de Antioquia. Creada por el artista Pedro Nel Gómez, esta obra es mucho más que un simple adorno urbano; es un monumento a la memoria, un llamado a recordar las historias que dieron forma a esta tierra.

Un artista con muchos talentos y una ciudad de esculturas

Para entender esta obra, hay que conocer a su creador. Pedro Nel Gómez (1899-1984) fue un verdadero renacentista antioqueño. No solo fue pintor y escultor, sino también ingeniero civil, arquitecto y urbanista. Su formación artística en escuelas de Italia, Francia y Holanda le dio una visión única que luego aplicó en su tierra natal.

Sus obras suelen explorar dos grandes temas: la extracción del oro y los mitos y leyendas locales. Por eso no es casualidad que se interesara por la figura del Cacique Nutibara. El artista quiso "destacar a este indígena rebelde", llevando su historia del relato oral a un espacio público donde todos pudieran verlo.

La escultura se encuentra en la Plazuela Nutibara, un lugar céntrico frente al imponente Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y a pocos pasos del famoso Parque de las Esculturas de Fernando Botero. Su ubicación no es accidental. Medellín se ha propuesto ser una "Ciudad de las Esculturas", con cientos de obras de arte en sus calles y plazas, integrando el arte a la vida diaria de sus habitantes.

Una guía para mirar al cacique: forma, gesto y materiales

Si te paras frente a la plazoleta, esto es lo que verás, de abajo hacia arriba:

* La base: Una columna cilíndrica, robusta y recubierta con pequeñas piezas de piedra de colores verdes, rosas y grises. Sobre ella descansa una gran copa o cuenco, también revestido de piedra. Su forma cóncava y elevada hace pensar que en algún momento pudo haber sido una fuente, aunque hoy en día no corre agua por ella.

* La figura central: En el centro del cuenco se alza la escultura del cacique. Es una figura de escala monumental, más grande que una persona real. Está fundida en bronce, un material noble y duradero típico de las esculturas públicas. Con el tiempo, el metal ha desarrollado una pátina verdosa, esa capa de color que le da un aspecto antiguo y venerable.

* La postura y el gesto: El cacique aparece en una posición poderosa y a la vez ceremonial. Su torso está desnudo, mostrando una anatomía fuerte y bien definida. No está de pie, sino arrodillado o semiarrodillado, con el torso erguido. Su cabeza está inclinada hacia atrás, como mirando al cielo, y con el brazo derecho elevado, lleva un objeto curvo (similar a un cuerno o una concha) hacia su boca. Es el gesto de alguien que está a punto de soplar, de emitir un sonido que atraviese la ciudad.

* El detalle más misterioso: En su espalda, emergen unos apéndices que parecen alas estilizadas. No son alas de pájaro realistas, sino formas escultóricas que sugieren vuelo, elevación o protección.

* Un elemento curioso: En el borde del cuenco de piedra, se puede ver un pequeño elemento metálico con aros y formas que recuerdan a avioncitos. Su estilo más moderno y geométrico contrasta con la figura central, lo que hace pensar que pudo ser añadido en una época posterior.

Claves para interpretar el monumento: historia, mito y memoria

¿Por qué el artista le dio esta forma tan particular a un cacique histórico? Aquí entran en juego varias capas de significado:

1. Un homenaje a la resistencia histórica.

El Cacique Nutibara no es un personaje inventado. Fue un líder de los Catíos que, junto a su hermano Quinunchú, organizó una fuerte resistencia a los conquistadores españoles en la Serranía de Abibe (en la región de Urabá). Su lucha terminó en derrota y muerte, pero su nombre quedó grabado en la memoria colectiva, hasta el punto de dar nombre a esta plazoleta, a festividades en Frontino e incluso a un batallón del ejército colombiano. La escultura funciona, ante todo, como un monumento cívico y conmemorativo que rescata del olvido a una figura indígena rebelde.

2. De guerrero a símbolo: la capa alegórica.

Pedro Nel Gómez no hizo un retrato realista. Transformó al cacique histórico en un símbolo poderoso. Las alas en la espalda no significan que volara, sino que lo elevan a un estatus heroico y casi divino. Representan trascendencia, protección o la idea de que su espíritu vuela por encima de la historia.

El gesto de soplar el cuerno es igualmente simbólico. Puede interpretarse como:

* Un llamado a la lucha o a la unidad.

* Un lamento por la derrota y la pérdida de su hermano y su pueblo.

* Una proclamación de su existencia y resistencia, un grito silencioso que aún resuena en el centro de la ciudad moderna.

3. El diálogo entre lo antiguo y lo moderno.

La obra habla de un pasado prehispánico (el cacique) a través de las técnicas y materiales del arte moderno del siglo XX (el bronce fundido, la estilización de las formas). Además, su ubicación en el corazón de la Medellín contemporánea crea un puente entre esa historia lejana y la vida urbana de hoy. Es un recordatorio de que la ciudad se construyó sobre muchas historias, incluidas las de quienes la habitaron primero.

Detalles que cuentan una historia más amplia

* El material que habla: El uso del bronce no es solo una cuestión estética o duradera. Tradicionalmente, el bronce se asocia con monumentos importantes, con la dignidad y la permanencia. Al elegirlo, el artista le otorgó al cacique la misma solemnidad que a los próceres de la independencia cuyas estatuas pueblan las plazas de América Latina.

* Un espacio en transformación: La Plazuela Nutibara es un microcosmos del patrimonio de Medellín. A unos metros está el conjunto de esculturas de Botero, que atrae a turistas de todo el mundo. La presencia del Cacique Nutibara ahí reivindica una narrativa local y anterior, invitando a quien mira a pensar en las capas de historia que tiene la ciudad.

* El llamado a la conservación: Como muchas esculturas públicas, el Cacique Nutibara muestra signos del paso del tiempo: suciedad en la base, desgaste en las piedras del cuenco. Esto ha generado llamados en redes sociales y medios para su conservación. Su estado nos recuerda que el patrimonio es frágil y necesita del cuidado de todos para seguir contando su historia.

Una invitación a mirar con nuevos ojos

La próxima vez que pases por la Plazuela Nutibara, tómate un momento. No veas solo una escultura decorativa. Mira al guerrero de bronce que, arrodillado pero indomable, sigue soplando su cuerno hacia el cielo de Medellín. En su silueta se funden la historia documentada y el mito, la resistencia de un pueblo y la visión de un artista que quiso darle un rostro a la memoria.

Esta obra es una puerta de entrada para explorar otros temas: la fascinante obra mural de Pedro Nel Gómez, la historia de los pueblos Catíos, o simplemente, para recorrer Medellín preguntándote qué otras historias están contando las esculturas que encuentras en tu camino. El Cacique Nutibara sigue ahí, en el centro de todo, recordándonos que a veces, las voces del pasado solo necesitan un monumento para seguir hablando.