LOS TOROS
Sobre la escultura
Los Niños de Villatina: la memoria que se convirtió en punto de encuentro
En el bullicioso Parque del Periodista, en pleno centro de Medellín, una escultura llama la atención por su forma de globo metálico y las figuras de niños que parecen estar jugando. Se llama "Los Niños de Villatina" y es mucho más que una obra de arte: es un monumento que recuerda una tragedia, pero lo hace celebrando la vida. Conmemora a nueve jóvenes asesinados en 1992, pero en lugar de mostrar escenas de violencia, los representa bailando, leyendo y soñando. Hoy, esta pieza se ha convertido en un lugar de reunión para cientos de jóvenes, demostrando cómo el arte público puede transformar el dolor en un espacio para la conversación y la memoria viva.
Una herida en la ciudad: el contexto histórico
La noche del 15 de noviembre de 1992, nueve jóvenes fueron asesinados en el barrio Villatina de Medellín por agentes de seguridad del Estado. Este hecho, conocido como la masacre de Villatina, dejó una profunda herida en la comunidad. Años después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado colombiano y ordenó una serie de medidas para reparar a las víctimas.
El monumento "Los Niños de Villatina" es una de esas acciones de reparación simbólica. No fue un capricho artístico, sino una obligación del Estado para reconocer su responsabilidad. Además de la escultura, las medidas incluyeron la construcción de un centro de salud en el barrio y el apoyo a una microempresa local. La obra, por tanto, es un recordatorio físico de un compromiso de justicia y memoria.
El artista: Edgar Gamboa, un escultor de barrio
El autor de la obra es Edgar Gamboa Velásquez, un artista conocido como el "Escultor de Campo Valdés". Gamboa proviene de los barrios que alguna vez fueron la periferia de Medellín y que con el tiempo se integraron a la ciudad. Esta raíz popular se nota en su obra: su arte está pensado para la calle y para la gente común.
Se formó con el maestro Justo Arosemena, lo que explica su estilo figurativo y directo. Para Gamboa, la escultura no es algo que deba quedarse en un museo, sino que debe dialogar con los transeúntes y convertirse en parte de su vida diaria. "Los Niños de Villatina" es un perfecto ejemplo de esta filosofía: una obra que invita a sentarse, a mirar y a quedarse.
Una guía visual: ¿qué vemos exactamente?
Al acercarnos, la escultura se revela como un conjunto dinámico. Podemos describirla por partes para no perdernos nada:
- La base: Una plataforma circular de tres gradas, como un pequeño anfiteatro, que invita a la gente a sentarse.
- La estructura principal: Sobre esta base se eleva una armazón hecha de arcos metálicos curvos. Estos arcos forman una media esfera, una especie de globo o cúpula abierta. En los documentos oficiales se describe como "un carrusel que conforma un globo".
- Las figuras: Dentro y alrededor de esta estructura, encontramos cinco escenas principales que representan a niños y jóvenes:
- Una niña en pose de baile, con el brazo elegantemente arqueado.
- Un niño que juega al fútbol, controlando un balón con el pie.
- Otro niño que escucha música en una grabadora portátil.
- Una bicicleta, símbolo de movilidad y juego.
- Un niño sentado aparte en una banca, completamente absorto en un libro.
Las figuras tienen un tamaño muy cercano al real de un niño, lo que nos permite identificarnos fácilmente con ellas. Están hechas de un metal oscuro con una pátina marrón que, con los años, ha adquirido brillos dorados en los bordes más gastados por el contacto de las personas. Es muy probable que el material sea bronce fundido, una técnica tradicional que da durabilidad y presencia.
Claves para interpretar la obra: más allá de lo evidente
1. Una memoria que elige celebrar la vida
La decisión más poderosa del artista fue no representar la violencia. En lugar de imágenes de dolor, vemos escenas cotidianas de infancia: el juego, el estudio, la música, el deporte. Esto no borra la tragedia, sino que honra lo que la violencia truncó: los sueños, los talentos y el simple derecho a crecer. La obra funciona como un homenaje afirmativo a la vida que fue arrebatada.
2. El globo: un símbolo de protección y mundo compartido
La armazón en forma de globo es clave. Por un lado, sugiere un mundo completo, un universo infantil donde caben todas las actividades. Por otro, evoca la idea de un carrusel, un juego asociado a la infancia y la alegría. También puede leerse como un espacio de protección, una cúpula que cobija a los niños. Sin embargo, al estar abierta, nos recuerda que esa protección es frágil y que requiere el compromiso de toda la sociedad.
3. Un diseño hecho para ser usado, no solo mirado
La obra no tiene barreras. Su base escalonada sirve de asiento, y se puede circular libremente entre las figuras. Este diseño fomenta la interacción, y de hecho, los jóvenes del parque la han adoptado como su punto de encuentro. Esta apropiación ciudadana no es un accidente, sino el resultado de una concepción del arte público que busca integrarse en la vida social. El monumento se llena de voces y risas, actualizando la memoria en el presente.
4. La diversidad de la infancia urbana
Las diferentes actividades representadas —baile, fútbol, música, lectura— hablan de la pluralidad de intereses y vocaciones que existen en cualquier comunidad. La obra nos dice que cada niño tiene sueños distintos, pero todos merecen las mismas oportunidades de desarrollarlos bajo el mismo "globo" de derechos.
Detalles y curiosidades que quizá no notaste a primera vista
- Las huellas del tiempo: El brillo metálico en los bordes de las figuras y en las zonas donde la gente se apoya no es un defecto. Son marcas de uso que testimonian cómo los ciudadanos han hecho suya la obra. Estas huellas cuentan una historia de apropiación y diálogo.
- Un monumento con compañía: "Los Niños de Villatina" no es la única reparación. Como parte del fallo de la Corte, también se construyó un centro de salud en el barrio y se apoyó una microempresa local. La escultura es la parte más visible, pero está conectada a acciones concretas que mejoran la vida de la comunidad.
- Un lugar en constante cambio: Al estar bajo los árboles del parque, la luz del sol se filtra y crea sombras móviles sobre las figuras a lo largo del día. Este juego de luces y sombras da vida a la escultura, haciendo que nunca se vea exactamente igual.
- Las placas olvidadas: En el suelo, cerca de la base, hay placas metálicas con inscripciones. Con el paso del tiempo y el desgaste, algunas se han vuelto difíciles de leer, un recordatorio silencioso de cómo la memoria también necesita cuidado y mantenimiento.
Conclusión: una invitación a mirar y a quedarse
"Los Niños de Villatina" es una obra que logra un equilibrio difícil: conmemora una pérdida dolorosa sin caer en el pesimismo, y se instala en un espacio público sin imponerse, sino invitando a la gente a habitarla. Es un monumento que no quiere que olvidemos, pero tampoco que nos paralicemos.
La próxima vez que camines por el Parque del Periodista, tómate un momento para sentarte en sus gradas. Observa cómo los jóvenes de hoy conversan allí, cómo las figuras de bronce parecen estar vivas entre ellos. Piensa en los nueve nombres que representa y en todas las infancias que merecen protección. Esta escultura nos demuestra que el arte, cuando se pone al servicio de la memoria y la comunidad, puede ser un poderoso agente de transformación y esperanza en la ciudad.