Ecosistema Patrimonio Medellín
SCC - 161

PERRO

Por BOTERO, FERNANDO · COLOMBIANO · SIGLO XX

Título PERRO
Autor BOTERO, FERNANDO
Fecha 1993
Ubicación Carrera 52 con calle 52
¿Cómo llegar?
Especificaciones
Tema Siglo XX
Material Bronce fundido, base en concreto con enchape en piedra royal veta.
Dimensiones ALTO: 301 cms. ANCHO: 144 cms. PROFUNDIDAD: 305 cms.
Época Siglo XX
Comuna 10 - La Candelaria
Barrio La Candelaria
Sector Plazoleta de las Esculturas, Museo de Antioquia
Ubicación Carrera 52 con calle 52
Identificador
SCC - 161
Fecha
1993
Época
Siglo XX
Comuna
10 - La Candelaria
Barrio
La Candelaria
Sector
Plazoleta de las Esculturas, Museo de Antioquia
Ubicación
Carrera 52 con calle 52
Nacionalidad
Colombiano
Firmado
no
Material
Bronce fundido, base en concreto con enchape en piedra royal veta.
Dimensiones
ALTO: 301 cms. ANCHO: 144 cms. PROFUNDIDAD: 305 cms.
Conjunto
ALTO: 301 cms. ANCHO: 144 cms. PROFUNDIDAD: 305 cms.
Escultura principal
ALTO: 208 cms. ANCHO: 144 cms. PROFUNDIDAD: 305 cms. MATERIAL: Bronce
Pedestal
ALTO: ANCHO: PROFUNDIDAD: MATERIAL:
Peana
ALTO: ANCHO: PROFUNDIDAD: MATERIAL:
Base
ALTO: 93 cms. ANCHO: 130 cms. PROFUNDIDAD: 229 cms. MATERIAL: Concreto y piedra
Tiene base
sí
Tiene pedestal
no
Tiene peana
no
Tiene cerramiento
no
Tiene urna
no
Tiene hornacina
no
Tiene retablo
no
Tiene otro elemento
no
Elementos relacionados
MATERIALES Y TECNICA: Bronce fundido, base en concreto con enchape en piedra royal veta. ESC. PPAL. ALTO: 208 cms. ANCHO: 144 cms. PROFUNDIDAD: 305 cms. MATERIAL: Bronce
Entidad de custodia
Secretaría de Cultura Ciudadana
Teléfono
6043855555, ext. 5097
Correo
culturaciudadana@medellin.gov.co
Otros datos
La escultura se instala en este sitio en el año 2002

Sobre la escultura

El Perro de Botero: la gigantesca mascota de bronce que da la bienvenida a Medellín

En el bullicioso corazón de Medellín, una mascota de bronce de tamaño descomunal saluda a miles de personas cada día. Esta no es una escultura cualquiera: es 'Perro', una de las obras más emblemáticas y queridas del artista colombiano Fernando Botero. Más que una simple figura, es un encuentro entre el arte monumental y la calidez de lo cotidiano, invitándonos a mirar, tocar y sonreír.

El artista que le dio una forma nueva al mundo

Para entender esta escultura, primero hay que conocer a su creador. Fernando Botero nació en Medellín en 1932 y se convirtió en el artista colombiano más reconocido a nivel internacional. Su sello inconfundible es un estilo único, fácil de identificar: formas exageradamente voluminosas, redondeadas y llenas de curvas.

Imagina inflar un globo hasta que esté a punto de reventar, pero dándole una elegancia serena. Eso es el estilo Botero. No se trata de hacer caricaturas, sino de explorar la belleza y la presencia física a través del volumen. El artista donó a su ciudad natal un conjunto de 23 de estas esculturas monumentales, creando un museo al aire libre en una de las plazas más concurridas del centro, que hoy lleva su nombre.

Una guía para mirar (y tocar) al Perro

Si te paras frente a esta obra, lo primero que notarás es su escala monumental. Mide entre 2.5 y 3 metros de altura, lo que la hace enorme incluso para un perro gigante. Está hecha en bronce, un material clásico para estatuas, pero Botero lo usa de una manera totalmente propia.

¿Qué vemos exactamente? Hagamos un recorrido visual:

* La postura: El perro está sentado sobre sus patas traseras, en una pose estable y tranquila, como si esperara pacientemente. Esta postura es clave, porque transmite calma a pesar de su gran tamaño.

* El cuerpo: Todo es curvas y volúmenes redondeados. El cuerpo es una masa esférica y compacta, las patas son gruesas y cortas, y la cabeza es grande y redonda. Los detalles anatómicos se simplifican para no romper la sensación de plenitud.

* Los gestos: Es aquí donde la escultura cobra vida. La cola está enroscada hacia arriba en una espiral pronunciada, un detalle lleno de energía. Las orejas, pequeñas y puntiagudas, están erguidas, mostrando atención.

* El rostro: Tiene ojos grandes y saltones y un hocico ancho. De su boca entreabierta sale la lengua, en un gesto muy característico de los perros cuando están contentos o jadean. Alrededor del cuello, un simple surco grabado en el bronce hace las veces de collar.

* Los detalles especiales: Dos elementos llaman especialmente la atención por su contraste. Primero, los bigotes: no son de bronce liso, sino que parecen finas varillas de un metal más claro y brillante (posiblemente acero), lo que les da un detalle realista y frágil. Segundo, la lengua: tiene un brillo cobrizo o dorado que destaca sobre el color oscuro del resto de la figura. Este brillo puede ser un acabado especial del artista o, más probablemente, el resultado del constante roce y las caricias de la gente.

La escultura descansa sobre un pedestal de piedra o hormigón, que la eleva y la presenta como lo que es: una obra de arte importante en el espacio público.

¿Por qué un perro gigante? Claves para interpretar la obra

Botero podría haber esculpido héroes o figuras históricas, como es tradicional en las plazas. En cambio, eligió a un animal doméstico, un compañero cotidiano. Esta elección no es casual y nos da varias pistas para entender su significado.

1. La monumentalización de lo cotidiano: Botero toma un sujeto simple y cercano—un perro—y lo convierte en algo monumental. No es una sátira, sino una celebración. Engrandece lo común para invitarnos a verlo con nuevos ojos y a valorar su presencia y forma.

2. Un arte para los sentidos: El artista ha dicho que sus formas redondeadas buscan generar placer visual y táctil. Este Perro es un perfecto ejemplo. Sus curvas invitan a ser recorridas con la mirada y con la mano. No es una obra para ver a distancia; es para interactuar.

3. Un símbolo de bienvenida y alegría: La postura sentada, la cola en alto y la lengua fuera son gestos universalmente asociados a un perro feliz que saluda a su dueño. Al colocarlo en una plaza llena de gente, la escultura se convierte en una mascota urbana que da la bienvenida a todos, creando un vínculo emocional inmediato.

4. Democratizar el arte: Al donar 23 esculturas y colocarlas en una de las zonas más transitadas de la ciudad, Botero sacó el arte de los museos y lo puso en la calle, al alcance de todos. Este Perro no tiene una barrera; es parte del paisaje diario de los medellinenses.

Secretos y curiosidades de la escultura

Más allá de su impactante primera mirada, 'Perro' guarda algunos detalles que hacen única su historia:

* Una pátina viva: La pátina (el acabado o color superficial del bronce) de esta obra no es estática. El contacto con las manos de miles de personas ha pulido algunas zonas, creando brillos y revelando tonos más claros del metal, especialmente en la lengua. La escultura cambia y se desgasta con el cariño del público, haciendo a la gente partícipe de su apariencia.

* ¿Bigotes de otro metal? Los análisis visuales sugieren que los bigotes podrían estar hechos de un metal diferente al bronce del cuerpo, quizás acero. Esto le daría mayor resistencia a unas piezas tan finas y añade un intrigante contraste de materiales.

* Parte de una manada artística: Este canino no está solo. En la misma Plaza Botero tiene como compañero a 'El Gato', otra escultura monumental del artista. Juntos, representan el tema de los animales dentro de la obra pública de Botero, mostrando su interés por llevar a la escala monumental todos los aspectos de la vida.

* Una grieta en el pedestal: Si miras con atención, el pedestal rectangular muestra una grieta. Aunque no afecta a la estabilidad de la escultura, es un recordatorio de que esta obra vive a la intemperie, expuesta al clima y al paso del tiempo, como un verdadero habitante de la ciudad.

Una invitación a ver con las manos y el corazón

'Perro', de Fernando Botero, es mucho más que una estatua. Es un punto de encuentro, un gesto de alegría fundido en bronce y un ejemplo de cómo el arte puede ser poderoso y cercano a la vez. Representa la generosidad de un artista con su ciudad y la capacidad del arte para transformar un espacio público en un lugar de experiencias compartidas.

La próxima vez que pases por el centro de Medellín, tómate un momento. Acércate a este gigante amable, obsérvalo desde distintos ángulos y, si te animas, acaricia su superficie lisa. Descubrirás que detrás de sus volúmenes exagerados hay una calidez sincera y una invitación permanente a disfrutar del arte en la vida diaria. Después, busca a 'El Gato' y a las otras 21 esculturas: empieza tu propio recorrido por el universo boteriano, donde todo—hombres, mujeres, frutas, animales—está lleno de una abundante y redonda vida.